Griego. Selección de Textos.

 

Caracterización de una hechicera o bruja

 “Es una hechicera –dijo- ; una mujer con poderes sobrenaturales, capaz de hundir el cielo, de levantar la tierra, de endurecer las aguas, de mover las montañas, de invocar a los difuntos, de contradecir a los dioses, de apagar las estrellas y hasta de clarificar el propio Tártaro”.

 Apuleyo, El asno de oro, I, 8.

 

Origen de la chupadora de sangre

 “y (tras perder a su hijo, asesinado en su cuna) Lamia se quedó sola. Llena de pena lloró día y noche por haber perdido de golpe a su amante y a su hijo. Tan grandes fueron su dolor y su furia que poco a poco su cuerpo se fue transformando. Sus manos ya no eran manos, eran garras, su piel se volvió escamosa, sus pechos crecieron hasta llegar casi hasta el suelo, su rostro se llenó de arrugas y en su boca descubrió unos afilados y mortíferos colmillos. (….) Entraba en las casas, raptaba a los niños mientras dormían en sus cunas y clavaba sus colmillos en sus tiernas gargantas para sorber su sangre”.

 Esteban, A.,-Aguirre, M., Cuentos de la magia griega, Ed. de la Torre, Madrid, 1999, 36-37.

 

Historias de fantasmas

 “Ya hacía seis días que su mujer había muerto y no lograba soportar su ausencia. Pero nada hacía sospechar lo que pronto iba a suceder. Se había acostado temprano y permanecía tumbado a la luz de una lámpara recordando a su amada esposa. De pronto notó que la puerta de la habitación se iba abriendo lentamente, como impulsada por una ráfaga de viento, hasta que quedó abierta de par en par. Y una sombra apareció en el umbral. Una sombra como suspendida en el aire (….). La sombra avanzó hasta acercarse a la cama.

–soy yo-, ¿no me reconoces?-

El desdichado viudo, temblando de emoción, reconoció al fin a su queridísima esposa”.

 Esteban, A.,-Aguirre, M., Cuentos de la magia griega, Ed. de la Torre, Madrid, 1999, 26-27.

 

El licántropo de Capua

 “vi que (mi compañero de camino) se había desnudado y había ido dejando tras de sí toda su vestimenta (…..). después de orinar alrededor de su ropa, se transformó en lobo (….), comenzó a aullar y se adentró en el bosque (….). Al llegar a casa de Melissa, ésta exclamó: “… un lobo entró en la granja  y descuartizó todo nuestro ganado (…), uno de nuestros esclavos le atravesó el cuello con una lanza, aunque logró escapar”. Cuando llegué a casa, mi compañero soldado yacía en la cama herido como un animal, mientras un médico curaba las heridas de su cuello”.

 Petronio, Satyricon, 61-62.