Griego Prof.
MAR VEGA
El
amor, a través de los tiempos, como sentimiento universal que es, es imposible
de disimular, difícil de soportar cuando es rechazado y duro de conservar cuando
se ha logrado.
“Entonces fue cuando te vi, entonces comencé a darme cuenta de quién eras. Aquél
fue el principio de perder yo la cabeza. Tan pronto como te vi, me perdí. Y ardí
con fuegos desconocidos, como arde una tea de pino en presencia de los grandes
dioses. Tú eras hermoso y mis destinos a ti me arrastraban. Tus ojos me habían
robado los míos. …..
Mal
herida, pasé toda la noche entre lágrimas…. De aquí me viene el amor, de aquí el
temor, y el temor incluso aumenta el amor!.
Ovidio, Heroidas, XII,
Medea a Jasón, 30, 60.
“¿He
de hablar?, ¿o no hay necesidad de confesar una llama que es conocida, y mi amor
es ya manifiesto, más de lo que yo quisiera? Preferiría en verdad que se
mantuviera oculto hasta que se nos conceda un plazo en que nuestro gozo no tenga
que verse enturbiado por el miedo. Pero no puedo disimularlo. Pues ¿quién podría
esconder el fuego que siempre se delata a sí mismo con su resplandor? Sin
embargo, si esperas que añada yo voz a mi comportamiento, hablaré, me
abraso…Tienes ya palabras que delatan mis sentimientos.!
Ovidio,
Heroidas, XVI, Paris a Helena, 1-12.
Más
difícil, si cabe, es sobrellevar un amor despechado. Un abandono total sin que
importen hijos, alianzas o antiguos pactos de fidelidad y respeto muto.
“Mi
marido siempre está ausente … persiguiendo monstruos y fieras temibles. Yo,
solitaria en casa, siento angustia al pensar que pueda sucumbir ante un malvado
enemigo. .. Estoy al acecho de los rumores (de adulterio) en tierras lejanas, y
temo que cualquier mujer pueda ser madre por causa tuya.
No
puedo disimular mi dolor ante esa rival extranjera… que no viene como cautiva,
sino provocando admiración con el oro que la cubre, habiendo vencido a
Hércules”.
Ovidio, Heroidas, IX,
Deyanira a Hércules.
“Así
pues he podido domeñar a serpientes y toros salvajes, y únicamente a mi marido
no he podido domeñarlo. Y yo que con mis sabios ungüentos esquivé los salvajes
fuegos, no puedo escapar de mis propias llamas. Los mismos sortilegios, hierbas
y artes me abandonan, de nada me sirve la diosa ni los ritos de la poderosa
Hécate. No me es agradable el día y paso en vela noches amargas… Los miembros
que yo preservé los abraza ahora mi rival y es ella quien tiene el fruto de mi
trabajo”.
Ovidio, Heroidas, XII,
Medea a Jasón, 160-180.
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